Durante mucho tiempo, en consulta, aunque tuviese una sospecha sobre qué le estaba pasando al paciente…no sabía determinar con qué facilidad le podía exacerbar el dolor o los síntomas. También tenía dificultades en pronosticar qué cargas podría tolerar el paciente. No quería empezar un ensayo-error que terminase en tragedia. ¿Te ha pasado a ti también?
Esto empezó a cambiar cuando le di importancia a la valoración de la irritabilidad y la severidad. Con el tiempo, empecé a recopilar distintas formas de hacerlo.
La primera dificultad es tener clara la definición de cada término. Por supuesto que como clínicos estamos familiarizados con ello… pero cuando consultas fuentes nos damos cuenta de que las definiciones pueden variar de unos autores a otros. Hace unas semanas, tuve la posibilidad de hablar por mail con Ann Cools sobre este tema. Ella explicaba que, hay en realidad muy poca literatura al respecto.
Muchas veces me he encontrado en textos y libros, que se habla de estos dos términos de forma solapada. Los tratan como sinónimos o que definen uno y les dan a ambos la misma utilidad. En realidad, son dos conceptos distintos con sus propias valoraciones. Y lo que es más importante, tienen distintos significados y aplicaciones a nuestra práctica clínica.
Así que vamos a ver por separado estos términos. Hablaremos sobre qué nos aporta, qué nos cuenta la literatura. También sobre cómo los podemos utilizar como fisioterapeutas.
